193 naciones, una sola mesa: se inaugura en Ginebra el primer diálogo permanente de la ONU sobre la gobernanza de la IA
El órgano permanente de diplomacia sobre IA de la ONU se reunió en Ginebra el 6 de julio, con científicos advirtiendo que la seguridad no es
Un asiento permanente para la IA en la ONU
El 6 de julio, delegados se congregaron en el centro de convenciones Palexpo de Ginebra para la sesión inaugural del Diálogo Global sobre la Gobernanza de la IA, la primera reunión de lo que las Naciones Unidas pretenden convertir en un foro permanente sobre inteligencia artificial. A diferencia de las cumbres puntuales y los compromisos voluntarios que han definido la diplomacia de la IA hasta ahora, este Diálogo es una instancia permanente: fue establecido por la Resolución A/RES/79/325 de la Asamblea General de la ONU, en seguimiento a los compromisos asumidos en el Pacto Digital Global, y está concebido para volver a reunirse de forma periódica. Según la ITU, ya está prevista una segunda sesión en Nueva York para mayo de 2027.
El encuadre, repetido a lo largo de los propios materiales de la ONU, es deliberado. Se lo describe como "la plataforma de las Naciones Unidas donde convergerán todos los gobiernos, el sector privado, la academia y la sociedad civil" en materia de IA, con énfasis en todos. El propósito declarado, según la UNESCO, es garantizar que la gobernanza "refleje las prioridades de todas las naciones, no solo de las más avanzadas tecnológicamente". En un campo donde el desarrollo de frontera relevante se concentra en un puñado de empresas de dos países, esa ambición es o bien el sentido mismo del proyecto o bien su problema central, según desde dónde se mire.
Quién está realmente en la sala
El Diálogo está copresidido por el embajador Rein Tammsaar, de Estonia, y la embajadora Egriselda López, de El Salvador, una dupla que señala que el evento pretende estar liderado por Estados pequeños y no por las superpotencias de la IA. Detrás de ellos se sitúa una secretaría conjunta integrada por cuatro organismos de la ONU: la Unión Internacional de Telecomunicaciones (ITU), la UNESCO, la Oficina de las Naciones Unidas para las Tecnologías Digitales y Emergentes (ODET) y la Oficina Ejecutiva del Secretario General.
La lista de invitados es de alto nivel. El secretario general de la ONU, António Guterres; el director general de la UNESCO, Khaled El-Enany; el presidente de la Asamblea General; el secretario general de la ITU y el enviado especial de la ONU para las Tecnologías Digitales figuran todos entre los participantes, junto con representantes del sector privado, la academia y la sociedad civil. El evento de dos días se estructura en torno a un segmento de alto nivel, sesiones temáticas y actos paralelos. Tampoco ocurre de manera aislada: una única acreditación de prensa cubre tres encuentros ginebrinos superpuestos: el Diálogo sobre la IA (6-7 de julio), el Foro de la Cumbre Mundial sobre la Sociedad de la Información 2026 (6-10 de julio) y la Cumbre Mundial AI for Good de la ITU (7-10 de julio). Durante una semana, Ginebra es, en la práctica, la capital mundial de la política de la IA.
La advertencia de los científicos
Los momentos más citables no provinieron de los diplomáticos, sino de los científicos. El Panel Científico Internacional Independiente sobre Inteligencia Artificial —el órgano de expertos recién creado por la ONU, copresidido por el pionero del aprendizaje profundo Yoshua Bengio y la periodista y Premio Nobel de la Paz Maria Ressa— presenta su trabajo durante el Diálogo. Según UN News, Bengio expuso el núcleo sobrio del mensaje: "la ciencia actualmente no puede garantizar que, a medida que las capacidades sigan aumentando, la IA no cause daños catastróficos".
Ressa se centró en un peligro más inmediato: el colapso de una realidad compartida. "Si no puedes distinguir los hechos de la ficción, no puedes tener una democracia", advirtió, describiendo la crisis de integridad de la información como un "Armagedón informativo". Tammsaar, el copresidente estonio, añadió la dimensión geopolítica, al señalar que la IA "también podría usarse con fines coercitivos, para erosionar la confianza en los gobiernos, socavar las estructuras democráticas".
Dos hilos recorren todo esto. Uno es el riesgo de las capacidades: la posibilidad de que los sistemas superen nuestra capacidad de controlarlos o siquiera de evaluarlos. El otro es la brecha de la IA: la preocupación de que un desarrollo concentrado en Estados Unidos y China deje a la mayor parte del mundo en una situación de dependencia, sin la capacidad de cómputo, los datos ni la capacidad institucional para dar forma a la tecnología o captar sus beneficios. El diseño del Diálogo —copresidencias de Estados pequeños, membresía universal, énfasis en el acceso equitativo— es una respuesta directa a esa segunda inquietud.
Por qué esto no es lo mismo que el informe del panel de la semana pasada
Conviene ser precisos aquí, porque dos hitos de la ONU en materia de IA se produjeron con apenas días de diferencia. El 1 de julio, el Panel Científico Independiente publicó su primer informe: la evaluación que generó titulares sobre unas salvaguardas incapaces de seguir el ritmo. Ese informe es un producto científico: un intento de dar a los responsables de las políticas una base de evidencia común, aproximadamente análogo a lo que hace el IPCC en materia climática.
El Diálogo Global que se inauguró el 6 de julio es otra cosa: es el ámbito político donde esa evidencia debe traducirse en cooperación entre Estados. El informe informa; el Diálogo es donde se supone que los gobiernos deben actuar en consecuencia. Los hallazgos del panel son, en efecto, el alegato inicial entregado a los diplomáticos. Leer ambos en conjunto es la clave: la ciencia dice que el riesgo no puede descartarse por ahora, y el Diálogo es el mecanismo con el que la ONU apuesta a poder construir una respuesta compartida.
Expectativa frente a sustancia
Aquí es donde el escepticismo está justificado. El Diálogo es un foro, no un regulador. Nada en el material de referencia sugiere que tenga autoridad vinculante, poder de ejecución o un mandato para fijar reglas; sus funciones enumeradas son convocar, "compartir buenas prácticas y lecciones aprendidas" y "construir enfoques comunes". La ONU ya ha desplegado esta jugada antes con resultados dispares: los procesos inclusivos y basados en el consenso son sólidos en legitimidad y lentos en dientes. Con los laboratorios de frontera lanzando nuevos modelos a un ritmo que se mide en semanas, un órgano que se reúne aproximadamente una vez al año en distintas ciudades enfrenta un evidente problema de cadencia: el mismo desajuste que señaló el panel científico.
El contraargumento es que la legitimidad es, en sí misma, el recurso escaso. Los reguladores nacionales y los acuerdos bilaterales no pueden, por definición, producir el respaldo universal que exige la brecha de la IA. Si alguna institución puede afirmar de manera creíble que habla en nombre de los 193 países que no albergan un laboratorio de frontera, es esta. Si esa voz se traduce o no en algo que los laboratorios o sus gobiernos anfitriones deban acatar es la pregunta abierta, y una que esta primera sesión, enfocada en convocar más que en decidir, nunca iba a responder.
En resumen
El Diálogo Global sobre la Gobernanza de la IA es la ONU clavando una bandera permanente: la IA es ahora un punto fijo en la agenda internacional, con su propio foro, su propio panel científico y su propia maquinaria diplomática. Ese es un verdadero hito institucional, y las advertencias de los científicos —que un daño catastrófico no puede descartarse y que el ecosistema de la información ya se está resquebrajando— le confieren una urgencia genuina. Pero la existencia de una institución no es lo mismo que su influencia. El Diálogo llega con legitimidad y alcance, pero, según la evidencia disponible, sin poder vinculante ni una cadencia acorde con la tecnología. La lectura honesta: Ginebra, esta semana, es un comienzo que vale la pena tomarse en serio, y un recordatorio de lo lejos que aún está el mundo de una gobernanza capaz de seguir el ritmo. Habrá que observar qué está facultada para decidir realmente, si es que algo, la sesión de Nueva York de mayo de 2027.
